A ver a ver a ver a ver ¿Qué fue lo que te pasó? Estás tan triste y malograda que me cuesta reconocerte. ¿Qué pasa que lloras con ese desconsuelo? ¿Qué pasa que lloras como si de verdad pudieras detenerte? ¿No te das cuenta que por más que seques tus lágrimas y frotes tu cara pretendiendo borrarla, tu llanto es un torrente?
¿Qué te hicieron? ¿Qué paso? ¿Quién fue?
Te conozco de toda la vida. Linda, fresca, radiante. Te parecías a Campanita cuando esparce su polvo de hadas. Graciosa, servicial, pero jamás tonta. Tu estampa delgada y ágil te permitía aparecer en donde se te necesitaba, para luego salir volando como una tortolita, libre y atolondrada. Usabas tus alas a tu antojo y eras capaz de contagiar al más tímido con tu alegría, para conseguir de él, su más osada travesura. Y si bien tu poder estaba en esas alas veloces y casi invisibles, era muy importante que creyéramos en ti. Un aplauso, un “vas bien”, era lo único que pedías a cambio de tu audacia y picardía. Es que contigo el miedo era un llamado a la aventura. Nada te frenaba, nada te opacaba. Solías usar atuendos muy vistosos y ligeros, porque te gustaba que tu figura trasluciera a través de colores vivos. Acostumbrabas a jugar con transparencias y te gustaba tentar la fantasía de quienes se quedaban hipnotizados por el movimiento de tus bucles livianos y espesos. A mí me gustaba mucho pronunciar tu nombre, por bonito y encantador. Pero no estoy segura si ahora, que estás tan gris, te llamas del mismo modo.
¿Cómo era tu nombre? ¿Recuerdas?
Anótalo aquí ________________________
¿Dónde está esa mujer ahora? ¿En qué momento tu piel se endureció de tal manera? ¿Qué pasó con tu figura, con tus cuidados? De pronto te convertiste en este saco de hilachas despeinadas, de mirada apagada, sin voz y sin nombre.
…No sé quién eres ¿Tú lo sabes? ¿O acaso te conformas con usar ese apodo que te describe con desdén y sepulta tu identidad, ese sobrenombre que te insulta y has aceptado de tanto escucharlo? Has dejado que te llamen basura, mierda, poca cosa, inútil, y has llegado a creer que esas ofensas son tu nombre.
Tú no eres una cosa, o el resultado del resentimiento de otros. No eres un trapo que recoge la mugre de quienes te lastiman. No. No eres una sobra. Eres un ser humano. Te robaron el nombre, está bien. Esas cosas pasan ¿Pero no te parece que es momento de recuperarlo?
Así que te propongo:
Primero revisa de dónde vienes y cuánto has soportado. Haz historia de todos los maltratos sufridos. De cuántas veces te hirieron con palabras, gritos y amenazas. Cuántas veces te negaron dinero o te lo dieron a cambio de complacencia y sumisión. Revisa las ofensas recibidas, las descalificaciones. Haz recuento de los golpes morales, verbales, psicológicos, económicos, de los chantajes legales. Lleva también cuenta de tus cicatrices, contusiones, hematomas y huesos rotos. Y toma consciencia de que si aún sigues aquí, si en este instante me estás escuchando, y respiras y lates y vives a pesar de esta larga lista de atropellos, es porque resististe, porque eres más fuerte y más hábil de lo que crees. Y entonces… puedes huir, y volver a empezar.
Y ahora viene lo más difícil, porque me incluye, porque te confronta para que encuentres una salida. ¡Vamos, que ya has avanzado suficiente como para dejar este experimento sin terminar!
Haz un inventario de tus verdugos.
¿Quiénes han violado tu humanidad y quebrado tu dignidad? ¿Quiénes, se han apropiado del derecho a mancillar tus derechos?: ¿Tus gobernantes, tus leyes, tu trabajo, tu familia, tu pareja?…
¿Y tú? ¿Tú, que haciendo uso de valores impuestos y mal empleados, quieres convencerme a mí, que estoy dentro de este espejo, que merezco lo que me ocurre? Si, te hablo a ti. A ti que estás allá afuera y que por años has preferido darle más poder a los gritos de tus abusadores, que al que tienen mis lágrimas. Si, te hablo a ti. A ti, que estando afuera, has preferido bajar la cabeza para no mirar mi alma rota y atrapada en este reflejo.
Si, te hablo a ti.
¿Cuándo dejaste de verme mientras te mirabas al espejo?
Si, te hablo a ti.
No te laves las manos, no te enjuagues la cara, no te hagas la loca.
¡Mírame!
Estoy frente a ti, vengo a pedirte cuentas, vengo a reclamar ese nombre que escribiste unas líneas atrás, y permitiste que pisotearan.
Vengo a recuperar mi derecho a ser la mujer que fui.
Victoria Robert

